viernes, 30 de diciembre de 2011

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Era un día normal: de ni fu ni fa, de ni lleno ni vacío, de ni contigo ni sin ti. El cielo estaba nublado y la sensación al andar por la calle tendía al bochorno. Era un día de rutina desganada: de indecisión, de duda y de inseguridad.

Yo caminaba de aquí para allí, pero en realidad no hacia ninguna de las dos cosas: cuando estaba llegando me faltaba el zapato, cuando cruzaba estaba rojo y cuando miraba no había respuesta.

Era un día lento y pesado. Olía a espeso.

No había dirección, ni había hora y eso me angustiaba. Estaba un poco cansada y, siendo sincera, estaba completamente perdida.
No tenía instrucciones. Solo podía situar aquella calle, a toda esa gente ¿y  que más?

En este instante un hombre me paro:

-perdona,  ¿te conozco de algo?
-no…no soy de aquí.
-que raro, eres igualita a una chica que…
-pues yo no era, se lo aseguro -respondí tajante.
-¿seguro? pero es que ella..
- Perdone pero ya está en verde y tengo prisa.
-ahh vaya…


Yo seguí caminando y todo aquello me hizo gracia. Era absurdo.

(…)

A la mañana siguiente lo vi de otra manera: quizás el me había encontrado antes que yo a mi…







lunes, 19 de diciembre de 2011

Prohibido pararse a contemplar el mundo


Me di cuenta cuando caminaba el otro día por la calle.
Me quede quieta para contemplar lo que pasaba, para ver las casetas, los dulces, la gente hablando y bebiendo vino.  Era algo que necesitaba, detenerme un momento para ver que era aquello sin tener que estar pendiente de otras cosas.
Entonces fue cuando aquella voz me advirtió “ehh tú! no te quedes parada”.
No era la primera vez que me llamaban la atención, tampoco es que me la llamasen constantemente, pero en esta ocasión, a diferencia de otras veces, me di cuenta de lo que pasaba:
No está permitido parase a contemplar el mundo.

Y puede sonar exagerado, pero parase es de locos (o de los que tienen banda sonora[1]).



[1] Según Pudovkiv  la música representa el ritmo del que observa el mundo.