Era un día normal: de ni fu ni fa, de ni lleno ni vacío, de ni contigo ni sin ti. El cielo estaba nublado y la sensación al andar por la calle tendía al bochorno. Era un día de rutina desganada: de indecisión, de duda y de inseguridad.
Yo caminaba de aquí para allí, pero en realidad no hacia ninguna de las dos cosas: cuando estaba llegando me faltaba el zapato, cuando cruzaba estaba rojo y cuando miraba no había respuesta.
Era un día lento y pesado. Olía a espeso.
No había dirección, ni había hora y eso me angustiaba. Estaba un poco cansada y, siendo sincera, estaba completamente perdida.
No tenía instrucciones. Solo podía situar aquella calle, a toda esa gente ¿y que más?
En este instante un hombre me paro:
-perdona, ¿te conozco de algo?
-no…no soy de aquí.
-que raro, eres igualita a una chica que…
-pues yo no era, se lo aseguro -respondí tajante.
-¿seguro? pero es que ella..
- Perdone pero ya está en verde y tengo prisa.
-ahh vaya…
Yo seguí caminando y todo aquello me hizo gracia. Era absurdo.
(…)
A la mañana siguiente lo vi de otra manera: quizás el me había encontrado antes que yo a mi…

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